No morir del todo

María Teresa Uribe de Hincapié (1940-2018)

Salir de la caverna, a eso nos invitó la maestra de la sociología política en Colombia, María Teresa Uribe de Hincapié, fallecida esta madrugada en Medellín.  Socióloga, historiadora, politóloga, nos recordó siempre que la guerra la hacíamos también con palabras. Su inteligencia de gesto independiente fue una expresión de valentía cuando sin adocenamiento alguno pero con extremas responsabilidad y lucidez, eligió la ruptura como signo rotundo de su vida.

(Se puede ver en el retrato documental Los demonios sueltos de su hija Martha Hincapié Uribe).

Sus estudios sobre el estado como proyecto ideológico, sobre las guerras colombianas hechas por los ciudadanos en nombre de la nación y por la institucionalidad -incluso como herramienta de gobernabilidad-,  sus análisis de las raíces del poder regional, su interpretación del orden institucional -no pocas veces cercano a quienes dice combatir-, su visión de la violencia como narración y búsqueda de significado, en fin, la profundidad de su pensamiento emancipado modeló en buena parte el curso de la investigación de Colombia, un país en permanente discusión.
Entre el humo de su cigarrillo al que nunca renunció, con su generosidad y con su discreción casi escandalosa en un mundo exhibitorio, la recuerdan sus alumnos y compañeros. 
María Teresa, dice Manuel Alonso Espinal, nos recordaba que “todas las horas de trabajo son inútiles  si olvidamos que por encima de todo está la solidaridad y la justicia; que todos los libros que leemos no tienen ningún valor, si olvidamos que el gran encanto del conocimiento está en la posibilidad de acceder a argumentos que permitan cuestionar el poder y volver trizas las verdades establecidas, incluso, por la ciencia; que las investigaciones realizadas son inútiles sino sirven para enfrentar, críticamente, el miedo que produce la guerra, la ceguera que producen las delicias democráticas, las claudicaciones y seducciones que produce la tecnocracia y el mercado, la parálisis que produce el ruido de los patriotas y las melancolías que producen las utopías no realizadas; que todo lo aprendido pierde su valor si nos refugiamos en las oficinas de cristal y nos convertimos en expertos, especialistas y consejeros profesionales de las burocracias y de los príncipes. 
Con sus regaños, María Teresa nos enseñó algunas cosas fundamentales, por ejemplo que siempre estaremos sometidos, como dice Bobbio, a la conciencia de lo incompleto, de lo imperfecto, de la desproporción entre los buenos propósitos y los actos. Que siempre quedaremos en el punto de partida, que todos los grandes interrogantes quedarían sin respuesta, y que al final de cuentas, y por encima de los libros, las conferencias y las grandes disertaciones, el verdadero problema del sentido de la vida está en que la vida debe ser aceptada y vivida en su inmediatez, tal como lo hacen la mayoría de los hombres”.