Erótica Natural

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Phallus indusiatus o Falo Hediondo

Tener falda, oler fuerte -apestosamente para algunos o a manjar para otros-, crecer 15 cm en una hora y, paradoja de estos blandos, ser capaces de romper el pavimento, son algunas características del hongo Phallus indusiatus o Falo Hediondo, que se emparentan con las fantasías de los humanos en la idolatría a su pene, a su cola o a su cíclope. A su "cíclope llorón".

Tener falda indica su madurez. Por ese tejido perforado o indusio se le llama velo de novia. Ver esta encajería y repasar lo masculino y lo femenino en un organismo asexual, recuerda a John Cage, el músico y fundador de la Sociedad de Micología de Nueva York: “nuestra idea de macho y hembra es una excesiva simplificación de un estado que es complejo”, decía el recolector de silencios audibles.

Nace oliendo a rábano y en forma de huevo, pero crece como falo enhiesto y, ya adulto, desprende una sustancia viscosa con olor a carroña. Esta baba es nutritiva para muchos insectos que trepan por su falda para comer y luego repartir, en sus patas y excrementos, las esporas. A diferencia de otros hongos que resuelven su quietud diseminándose por el viento, en este caso son las abejas, las hormigas y las moscas las que siembran el bosque de falos.

Su nombre griego significa “Pene inflamado con una prenda interior”. Y esa inflamación rompe hasta el asfalto para crecer. La fuerza que ejerce, cuatro kilonewtons por metro cuadrado, equivaldría a levantar una persona de 133 kilos.

Lo suyo es derramarse para sobrevivir. No tiene raíces, así que para alimentarse riega fluidos que descomponen la materia orgánica de su vecindario de la que absorbe nutrientes por sus células. En Colombia pueden encontrarse, por ejemplo, en Amazonas y Sucre.

Con un orificio y una capucha-glande, estos hongos comestibles hacen pensar en los humanos, cercados de advertencias que han alambrado otras épocas: “diez años por un coitus interruptus, quince por sexo anal, una vida entera por oral y… siete por asesinato”.

Conozcamos más del reino silvestre de los hongos, esta parentela de formas compartidas que nos enseña, además, a liberarnos de la tiranía de ser flor y de vivir de una sola manera.

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Psychotria elata o bocas salvajes

Humedad, libertad y penumbra, es lo que necesitan estos labios de bosque para crecer con toda su potencia alucinógena. Son hojas cofre que guardan dimetiltriptamina, sustancia química usada en ritos chamánicos como los del yajé. También yohimbina, considerada afrodisíaca y usada para el tratamiento de disfunción eréctil. Así que las bocas no solo producen palabras.

La Psychotria elata, planta arbustiva originaria del Putumayo, alfombra de bocas rojas las sombras grandes de los árboles tropicales de Centro y Suramérica. Pertenece al género de las plantas Rubiáceas que, con unas 1.582 especies conocidas, es considerado el género más diverso de la familia del café.

Por su historia botánica no solo pasa fantasmal la psicodelia. Aparecen, también, sus atributos terapéuticos derivados de los ciclótidos, compuestos referidos como antitumorales y la psychotimina con propiedades antibacterianas.

Los labios son hojas que pasan de verde a carmín para alojar una flor blanca -y luego un diminuto fruto amarillo- en el centro. A ella llegan a libar numerosos insectos y polinizadores como los colibríes y las mariposas. En esas bocas se sella un pacto ecológico: a cambio de un poco de néctar, ellos reparten su polen y las flores que fecundan se transforman en más flores del beso, o labios ardientes como se les conoce.

El nombre científico de esta planta viene del griego y del latín. Significa “medicina estimulante y majestuosa” (psyche: alma, vida; iatria: terapia, medicina; elatum: esbelta, majestuosa) en alusión a su belleza y a sus componentes provechosos. Y, aunque no ha faltado quien sostenga que la belleza es el comienzo de lo terrible, es innegable que el esplendor no cultivado, la belleza natural, puede tener en tiempos de tanta afectación efectos salvajes, que envenenan el lugar común y por eso son a veces terapéuticos.

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Clitoria ternatea o conchita sedante

Abre a las 6 de la mañana y muere. Su esplendor de azules insecticidas dura un día. Esta trepadora estimula la memoria y regenera. Repara como pocas suelos degradados. Ansiolítica, sedante, antimicrobiana, analgésica, antioxidante, antiparasitaria, anticancerígena, antidiabética y, al parecer, útil para prevenir daños testiculares que causan algunos medicamentos.

Esta despensa farmacológica en forma de clítoris fue descrita por el botánico Linneo en 1767 en su Systema Naturae. Era común nombrar las plantas según su similitud, en este caso con ese iceberg femenino, que tiene el doble de las terminaciones nerviosas de un pene y es responsable de la multiorgasmia, ese poder de, varias veces, “llegar”, “irse”, “venirse” o hasta morir, como se nombra oblicuamente a esa conquista por muchos sancionada: el placer.

La Clitoria ternatea pertenece a la familia del fríjol, las leguminosas, o fabáceas. Algunas tienen vaina, palabra que por cierto significa vagina. También la llaman conchitas papito, azulejo, zapatico de la reina, zapotillo, guisante de mariposa o yuca de ratón. Son ornamentales, terapéuticas y comestibles. Sus pigmentos dan color a preparaciones culinarias, a infusiones o a bebidas como el Gin tonic, con azules que pasan a morados al entrar en contacto con el agua tónica.

Esta forrajera tiene flores solitarias, tres centímetros de azules eléctricos manchados de amarillo, por los que hacen sus expediciones los expertos: diez estambres soldados, valvas no acostilladas, semillas comprimidas, aceites volátiles, esteroides, taninos, flobataninos, carbohidratos, saponinas, triterpenoides, fenoles, flavonoides, proteínas, alcaloides…que hacen de la Clitoria ternatea un prodigio diminuto, con tantos atributos por descubrir como los del pequeño monte o kleitoris que, según los antiguos, tiene parentesco con la diosa de la mitología griega, tan que Júpiter tuvo que transformarse en hormiga para conquistar su amor.