Un mensaje desde el Amazonas por Elvis Cueva

Por: Elvis Cueva Márquez

 

"Caminando hacia la luz de la selva"

 

“De camino a la maloca morui del abuelo Cayetano, me encontré, sin previa cita, con dos machos Tángaras de cresta leonada, cortejando una hembra. Me sorprendieron cuando desplegaron como ramilletes las plumas negras de la cola. Sus manchas alares eran fulgores blancos y naranjas. Parecían abanicarse por el calor de la tarde, anticipando la lluvia que vendría con el ocaso.

 

Pude aprovechar el momento único, presionando el botón de la cámara en ráfaga, las aves no se inmutaron con mi presencia, antes bien continuaron alborotadas con su cometido. Las fotos hablan por sí solas y describen el momento más álgido de la competencia. ¡Qué hembra, no se enamora de tanta belleza!

 

Después, a diez metros de distancia, escuché el canto de otra ave que, al final no pude distinguir, esquiva se perdían entre los varillones del bosque secundario. La búsqueda fue persistente, hasta extenuarme por completo. Solo conseguí dos fotografías que en esta oportunidad no las envío debido a que estoy en proceso de identificación. Esta odisea de localizarla tardó varias horas, me movía por su canto, pero su camuflaje la volvía invisible. Ahora entiendo más de ella, dónde reside y qué vocalización le llama la atención cuando la imito. Como toda criatura, no está hecha para cualquiera. Y todo tiene sacrificio. "Lo fácil pierde el gusto".

 

He podido aprender a través de los años con las aves que no somos tan diferentes, a ellas sólo les falta hablar y su inteligencia podría ser superior en toda la jerarquía animal, como lo menciona Jennifer Ackermann en su libro: "El Ingenio de los pájaros". 

Pernocté en la maloca y aproveché para escuchar al abuelo Cayetano con sus infinitas historias, una mezcla de filosofía y épica indígena. Nunca dejará de sorprenderme que, a pesar de los años, tiene una memoria lúcida y coherente. Mientras transcurrían las horas dialogando ameno en el mambeadero, el abuelo Cayetano relataba el origen de El Rey de los Gallinazos que representa el Cóndor Andino, y la astucia de Fisido, el colibrí que transportó el fuego para entregarle a la humanidad que vivía en la oscuridad.

 

Al otro día, como una premonición, me introduje en selva densa y por un agujero del techo del bosque pude ver volar alto a un Rey de los Gallinazos por encima de los chulos comunes, sus siervos. Enseguida llegó la buena vibra: muy oronda una Piha chillona, enamorando con su canto despertó toda la selva. Se dejó seducir y fotografiar, su melodioso canto parecía de joven necio que silencia a las demás aves.

 

Después una hembra juvenil de Batara Murino, muy curiosa, se me acercó con gesto de propuesta nupcial, pero descubrió que yo no era alado, sino un humano que, imitando, vocalizaba al pie del río Tacana. Así que se marchó, dejándome imágenes se me venían como luz de arcoiris en la penumbra del bosque.

 

Más cerca pude avizorar, entre las rendijas de los muros arbóreos, una diminuta hembra de un Saltarín de corona azul, testigo de la belleza inigualable del Batara. De vuelta a la maloca antes de despedirme del abuelo, hallé un Capitán dorado que se asomaba por la ventana de una ramada de rastrojera. Después de varias fotos tomadas, la identifiqué. Es símbolo de la cordialidad entre los cultivos de la chagra y la maloca, casa plurifamiliar que representa el centro del universo para la mayoría de los pueblos amazónicos. No puedo dejar de mencionar que al final de este viaje, apareció una Golondrina tímida. La vi a la luz del ardiente sol, entre los cables del alumbrado público, cuando conducía la moto por la carretera, de vuelta a casa.

Este viaje tuvo un tinte femenino, como acto de pureza y control de las emociones y del corazón enamorado, escalando los pasillos de la luz del conocimiento“.

 

Fotografías: Elvis Cueva Márquez.

Fulvous Crested tanager, Screaming Piha, Mouse colored Antshrike, Gilded Barbet, White thighed Swallow